Crónica: Misti Sky Race 2017

Es casi mediodía y casi no alcanzo la cumbre, con las carreras de Ricardo Rivadeneira siempre me ocurre lo mismo. O bien llego último a la meta [ MUT 2014 ] o bien cruzó raspando el corte. La boca del volcán se traga todo el dolor que significa, ponerse de pie después de 14K de penitencia.

-7°C en la partida, mis mocos se convierten en estalactitas. Una luna llena me hace ver, que el vaso no está medio vacío. Si me pierdo o si me canso, sabré por donde volver o no sentirme solo. A las 3:30 aparecen los fantasmas dicen, en un runner tienen forma de fracaso. La partida es en la Represa de Aguada Blanda [ 3650 msnm ] estoy en la falda del volcán, orinándome en los pantalones, bueno en las mallas, de miedo. Voy a paso trek me repito, ir a un pace 8:30, como me lo hizo notar mi trailmate Alex Salas. ¿Será suficiente? Demasiado tarde para simular una diarrea.

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Ceniza volcánica apenas la pendiente inicia, es una alerta que no será la altura ni el frio, el obstáculo a vencer. El alba pinta el horizonte oscuro, de este tipo de terreno hay aquí y arriba mucho más. El camino no te come las piernas, te las engulle, y es cuando uno pide piedad, que acude a nuestro llamado, una bebida caliente de isotónicos. Hemos avanzado 10K y el controlador nos indica que nos espera un empinado zigzag. Desde Monte Bianco la ruta se convertiría en morrena, en arena, en piedras grandes, en un infierno chico, en un lontano ¿Cuándo acabará?

El guía de montaña nos advierte que resta una hora y media para el corte, como en aquel MUT 60K, mi desesperación despertó músculos rendidos y un orgullo acomplejado puso en marcha un plan, para que el Misti no sólo colgara de un cuadro de mi hotel, sino también sobre mi pecho.

Cada curva, abrigaba la esperanza, de que nos faltara poco. Y ese poco al dar la vuelta, no sólo congelaba corazones, también los tubos de hidratación. Nunca había buscado tanto una excusa para descansar, las rocas se volvían pretextos. El ascenso no cedía a plegarias, barras energéticas y fruta deshidratada no sumaban al esfuerzo. Confieso que más de una vez dije, hasta aquí llegué, más de un kilómetro caminé, como un walking dead. Hasta que escuché la palabra CORTE, que había que llegar hasta la cruz. Cargué mi propia cruz y la responsabilidad sobre mis compañeros.

Diseñé una estrategia en tres actos, para los tres protagonistas que entre lágrimas celebraríamos estar a 5825 msnm. La primera ½ hora aplastar una extensa pendiente de piedra suelta, labrar escalones con nuestras zapatillas fue prioridad, avanzar a gatas de no ser posible. La segunda ½ hora superar el último zigzag hacia la banderola verde, caminar sin parar hasta dar con la curva, respiras y continuas. La tercera ½ hora era por si surgía alguna complicación, que resulto ser, no quedar satisfecho con ninguna foto que te tomabas con el cráter del volcán. Misti hoy te amo más.

Carlos Zárate, guardián etéreo del Misti, nos da el encuentro a dos kilómetros de la meta en su 4X4. Me sugiere subir junto con mi skymate, luego de surfear entre cenizas y arena, sólo le pedimos acabar con dignidad, una de las más duras carreras en las que haya participado en mi running vida.


Peter M Trujillo
Runner Convicto & Blogger Confeso
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