Andes Race 2018 en modo Ice

No hay dos Andes Race iguales, ni carrera que se le parezca hasta hoy. Si duplicar la distancia del año anterior no fue decidido con cabeza fría, doblegarse ante el frio extremo no fue una opción a 4500 msnm.  El abra Ipsaijasa eran las fauces de un gélido puma que vomitó runners en fractales.

[Nota sugerida: Sierra Andina Mountain Trail 2018.]

¡Hola! ¡Hola! Le gritaba a una imagen abstracta dibujada por el granizo, un eco ininteligible golpearía mi esperanza. En las faldas de un apu indiferente, las piernas de cinco sobrevivientes de 60K, ignoraban por dónde continuar.  Insistí en aproximarme, si mis expectativas fallaban, esa casa por lo menos nos serviría para guarecernos, de lo que prometía  ser una nevada. Una niña en polleras a mi encuentro llegó, maldecía haber olvidado mi disfraz de esquimal y al verla, mi hipotermia se abochornó. ¡Buen Día! ¿Nos puedes llevar hacia el abra Ipsaijasa? Te pagamos lo que pidas.

En Huancawasi [3800 msnm] llegamos una hora antes del corte [12am], 33K con dos picos a cuestas, un río que se rió de mi equilibrio y sin dropbag de recambio. Selfie para bautizar a los sobrevivientes y juntos como hermanos, miembros de una meta, vamos marchando al encuentro del señor [Claudio Castillo].

¡No! ¡No!  Fue su respuesta y no la culpo, éramos una banda de trémulos extraños. Pese  a que le ofrecí entregar nuestros DNI y ADN, la negativa fue contundente. Un enorme favor, acércanos por dónde hay que ir. Y ahí estaba, nunca un listón naranja fue tan acariciado, agradecimos con barras energéticas y créanme, cada señal encontrada bajo la despiadada nieve, era como acertar un número de la TInka. Súmale una neblina sinuosa complotando contra un ascenso de  400m. Hallar la carpa de la organización en el 38K fue llevarse el Pozo Millonario, para beber un vaso de agua caliente.

En Lares [3250 msnm] partimos a las 3am, 44 corredores y yo. Vine como barredor y acabé como redentor de ruta, igual salí último y me propuse trekkear las 16 horas. En mis funciones estaba, llevarlos por el buen camino [2] y consolar al afligido [4], con ello habré entrado a las puertas del señor [Daniel Martos].

¡Si nos quedamos, perdemos! De aquí, todo era bajada y todo era bajo cero. El Valle Sagrado era un papel en blanco, donde escarbabas las pistas para llegar a Patacancha [46K]. Mi grupo entumecido hizo lo mejor que pudo, en un camino fangoso y farragoso. Donde las alpacas y un par de perros se divertían, nosotros solo vimos dolor, caída 1, caída 2 y continúas. Alejandro, Jesús, Pedro y Roció, todos cracks on the rock. Les debo confesar que sin su compañía, me hubiera quedado a mitad de camino. Lo había pensado, total, ya conocía el resto. Estas líneas, les adeuda vuestro punche.

En Ollantaytambo [2820 msnm] apenas crucé la meta, los organizadores me preguntaron cómo andaban los compañeros. Se me olvidó que estaba mojado hasta el tuétano y la foto de finisher por reportar. Gracias X33 Juan Carlos, Daniel y Claudio por hacer de esta edición, una crónica excepcional y una experiencia  de antología.


Peter M Trujillo
Runner Convicto & Blogger Confeso
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