Andes Race 30K a puro corazón. Por Mabeli Tamayo

Empezar a hablar del gran Andes Race o como los locales suelen llamarlo “The Chaski Challenge” en su edición N°4 del 2018, me trae mucho feeling porque es ahí donde empecé a querer muchísimo más a la naturaleza, los riachuelos, las montañas y la vida del trail runner. Participé en su 2da edición en el año 2016, claro que el 2017 también me moría por participar pero me encontraba viviendo en Madrid, asi que tuve que dejar de lado mi corazón trailero para el siguiente año que de todas maneras participaría.

La competencia se llevó a cabo el pasado Sábado 24 en el gran Cusquito Perú. Muchos corazones se juntarían en el pueblo de Huacahuasi para dar inicio a una de las primeras carreras organizadas alrededor de los Andes del Perú. Esta competencia tiene diversas distancias: 13k, 30k, 60k y 100k. Yo participaría en la misma distancia del 2016, mis lindos 30k por el Valle Sagrado, cuya meta sería muy emotiva, no solo por llegar al bello pueblo de Ollantaytambo sino por mi mami, quien estaría con los brazos calientitos esperando por mí.

El inicio de la carrera de 30k, mi distancia, empezaría 9am y para ello habría que salir de cusco centro, plaza san francisco 4am, ya que teníamos buses contratados por la organización para llevarnos a la partida que sería en el Mountain Lodge-Huacahuasi (a 4 horas de cusco centro).

Desde el momento que subí al bus ya sentía la hora que daba inicio a la competencia, las emociones estaban ahí presente y latiendo a mil. Es que como siempre digo: no es el simple hecho de participar, sino todo el proceso que me llevó a estar ahí. Recordando siempre a los que estuvieron, están y seguirán estando en mi vida! Aprecio tanto el mundo que me rodea, las personas que mandaron buenas vibras para mi desempeño de aquel día y los que incluso ahora se encuentran leyendo esta crónica, para mí así sea solo unos minutos del tiempo que dediques a transmitir buenas energías, es algo invaluable porque el tiempo es algo que pasa y que jamás se puede recuperar. Gracias por tanto!

Sonó el inicio de la compe y como siempre mi gran persignada y a prender el Suunto! Esta vez, había coordinado con mi partner, la ardilla, que iría a su paso, osea, todo poseído iría por la ruta chaski derrochando el pelaje tan característico de una ardilla. Justo al inicio me encontraba con unas amigas que también harían los 30k pero en modo más trekking que running, igual nos deseamos las mejores vibras y empezamos la aventura!!!

Mi corazoncito estaba todo emocionado y algo nervioso porque recordaba lo duro de la competencia pero a diferencia del 2016, esta vez llevé el iPhone para las fotitos respectivas y más que todo unos videítos para mi lindo Team Raiders, mi grupo de triatlón que está dirigido por el coach Carlos Arce, más que un Team, somos una familia donde nuestro compartir no solo son largas horas de entrenamiento sino que también gozamos de hacer no solo triatlón, sino trail running, maratones, etc. Claro también tenemos el vacilón de reunirnos para un atracón de pizzas y bebidas no hidratables! Son unos loquillos y unos bravos del Triatlón! El siguiente año volveremos con algunos en la edición Andes Race 2019, 31 de Agosto! Ya hay fecha, anoten chicos!

Durante los primeros 8 largos kilómetros, todo era mente. Decirle al cerebro que nada malo va pasar si es que se sentía que el corazón latía rapidito por la altura en la que nos encontrábamos. Empezamos a 2,850msnm, la elevación sería de 1,050m y ni hablar del desnivel de 2,020m! Una locura agradable para los que nos encontrábamos participando.

Al llegar a los 4,500msnm (el punto más alto) fue todo mágico! Toda esa trepada que le habíamos metido para llegar al Abra Ipsaijasa valió la pena con tremendos paisajes que nos mostraba. Se podía ver las montañas llenas de vegetación como si fuera una alfombra de gala de color verde y los majestuosos cerros cubiertos de nieve, mismo comercial de Agua San Mateo. Obviamente me detuve para filmar un poquito, unas fotitos y tomar agua tibia que la organización tenía reservada para nosotros (este era el primer avituallamiento de agua).

Luego seguí mi ruta, cada vez más alejada de los demás competidores, pero nunca se está sola, me encontré un bello perrito quien me siguió una gran parte de la ruta. Iba a mi paso constante, tanto así, que cuando tocaba cruzar un charco lleno de lodo donde no había otro pase, pues también metió sus patitas y salimos ambos enlodados! Ya no había momento para la foto puesto que tenía las manos congeladas como adoquín.

En el kilómetro 11, pasando por un sendero súper angosto, noté que por fin iba tener compañía, pero nivel animal porque eran 4 caballos y un burro de carga quienes venían por atrás a paso rápido, atiné a esperar, darles el paso y ahí fue que mi amigo el perrito tomó otro rumbo. Miraba como se alejaban y empecé nuevamente el recorrido, en las bajadas corría y en las trepadas solo caminaba para recuperar y seguir. Iba bien tiempo, lo cual me sorprendía lo cuán rápido podía aplicar la técnica de bajada, mismo pirata del caribe con las manos levantadas haciendo equilibrio y obviamente pisando de costado! En la ruta encontré un participante que tomaba fotos desde lo lejos, lo alcancé y le di ánimos de que eran los mejores momentos de la vida por la que un corredor de montaña puede pasar.

Toda la ruta estuvo súper señalizada con listones color naranja para poder ubicarnos y no confundirnos de ruta. En el 17k pasé por el lado de unos niños que me saludaban desde su casita y me dieron choclito sancochado. Aproveché en parar para comerme unos caramelitos de limón, pero en cuanto seguí el paso por el sendero que mi sentido común me decía avanza, los niños me dijeron no señorita no, es por la bajada donde están las vaquitas! Que grandioso momento que ellos mismos me avisaran y que dijeran que siguiera a las vaquitas! La naturaleza en su máxima expresión!

Vino la parte más dura para mí y no me refiero a la lluvia que empezó a caer de momento a otro sino que tuve un percance con mis ojos, pensaba que se me habían salido los lentes de contacto y que por eso veía borroso, pero no era eso. La vista la tenía media cruzada, es decir, como si estuviera mirando la punta de mi nariz y veía todo doble! Inténtalo y sabrás de qué te estoy hablando! No era la falta de azúcar porque venía tomando mis geles en cada momento correcto e incluso comiendo caramelitos de limón en varias partes de la ruta. Era una sensación que nunca me había pasado, así que, lamentablemente tuve que bajar el paso y empezar a caminar casi toda la ruta de los últimos 10k.

Los ánimos aún estaban latente, siempre pensando en mi mami quien me esperaba en la meta, gravé unos videos y me tomaron unas fotos en la ruta. Fue en el kilómetro 25 aprox donde nos tocó pasar por un puente de troncos y a simple vista se podía ver el caudal del río por debajo de ese estrecho. Fue emocionante pasarlo porque al lado había un amplio árbol que te permitía agarrarte de sus ramas para tener mayor estabilidad y cruzar de un lado al otro. Yo lo llamé el momento “La caída de Edgar nivel Andes Race”!!! Menos mal no hubo caída alguna como para ser viral!

Kilómetro 27, me pasaron unos amigos debido a que yo ya iba caminando buen tramo de la ruta. No había de otra más que seguir, era todo purito corazón. No sentí el cuerpo cansado, ni las piernas pesadas, solo era la vista que la tenía cruzada. No me gusta arriesgarme ni en entrenamientos ni en competencias, el hecho de caerme o lesionarme por ahí jamás lo he vivido, yo quiero tener una vida deportiva por años hasta que sea una boni pasita arrugada y no solo ser deportista por unos años. Así que había que cuidar y evitar correr como salvaje!

La lluvia no respetaba nada, ya el corta vientos lo tenía empapado, los guantes también pero no me los podía sacar porque me era indispensable para agarrarme de los rocones de los que estaba bajando por el pueblo de Willoc. Me crucé también con un corredor de 60k que pasó por mi lado todo intenso que ni le vi el rostro, a esto suma, que seguía viendo doble!

Ya no faltaba nadita, solo 2k me decían los pobladores que estaban en plena ruta, ya se podía ver las casitas del pueblo de Ollaytambo.

Me imaginaba todos los momentos que me llevaron a estar ahí, era inevitable contener esa sensación de lágrimas, no solo por lo emotiva de la carrera sino porque muchas veces me han apagado la luz pero en ninguna de ellas dejé de avanzar! Siempre se puede salir de una u otra situación, simplemente porque hay gente que brilla hasta con el alma rota.

Escasos metros de la meta, con todo mojado y el frío que me llegaba hasta el dedo meñique del pie, fui Finisher de esta aventura trailera del valle sagrado de los inkas! Mi partner, la ardilla Julito, estaba tomando fotos de mi llegada y mi mami esperaba atrás junto a la medalla que me iban a poner. Grandioso momento que capturé a través de mis lentes apañados por la lluvia y unas lagrimillas junto al tierno abrazo de mi mami, es que la vida es simplemente eso, un sollozar, unos cuantos gestos de alegría y saber que puedes ser solamente una persona para el mundo, pero para una persona tú eres el mundo!

Mabeli Tamayo
@Mabeli_T
Triatlón, mi pasión de ser!

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