Aquelarre de Hinchas Acérrimos

La parrilla espera la carne y nuestras carnes el pitazo inicial. Y qué espero yo, no mucho confieso, desde que empecé a correr no peloteo y desde que mi tobillo es una pelota no he vuelto a correr. Me desencanté del fútbol y ando desangelado del running, así que mi expectativa no es objetiva.

Cuando nuevo es la palabra de moda, nuevo entrenador, nueva eliminatoria, nueva esperanza y esos nuevos clichés que se impondrán en este nuevo proceso. Entonces ponerse pesimista es faltoso y bilioso, peor, más si juegas de visita, en casa ajena y con una selección de patas, digno de un homo fulbitis dossier.

El que pone la casa debe ser el más émulo de Grau de un aquelarre de hinchas acérrimos, sacrificar tu sala para el conjuro de entrenadores frustrados es un Angamos previsible.pichanga peru

El que hace la parrilla para amortizar la embriaguez de sus amigos es un ídolo, un híbrido de Gastón y Sarita Colonia, si el fanático se viste de la blanquirroja, él con un mandil y un trinche en ristre es feliz.

El que luce su outfit FPF para incentivar el amor a la patria y la fe en la selección es un modelo de Gamarra con una campaña marca Perú detrás, quizás no sabe de fútbol, pero interpreta al Pecoso Ramírez al detalle.

El que expone su sabiduría histórica-pichanguista, el clásico DT honoris causa, corrige la táctica, reprende tu opinión, minimiza a los comentarista, putea a los jugadores, reputea al arbitro e hiperputea todo aquel que osé contradecirlo.

Y como siempre nos convierten un gol impresentable, mejor continúo con el diagnóstico.

Pero también existe el que su repertorio radica en ajos, cebollas y culantro, y aunque carente de sustento técnico, somos víctima de sus epítetos por un traslado deficiente del vaso como del seleccionado con el balón.

Está el que paga con servicios su economía golpeada por la exesposa, se inmola para comprar la siguiente caja de chelas con una recaudación que la Teletón envidiaría y una velocidad propia de un keniata, te alcanza la botella al polo desde su sofá VIP.

Mientras tanto un reportero digita offsides, corners, fousl y la estadística subcutánea del partido todo on line, con el WiFi prestado del anfitrión, chatea, juatzapea, tuitea y dice salud sin desprenderse de su celular.

Y en eso ocurre que alguien te habla sobre la subatomización de partículas freudianas en el colisionador de Darwin, no entendiste, yo tampoco, sigo mirando en HD, pese a que mi beermate ya le hacen falta cambios en el equipo.

A estas alturas ya hay un borracho que ensaya arameo, esperanto y lenguaje dactilográfico, para expresar la frustración, la ira y demás emoticones que un dos en contra produce en el aspirante a público objetivo de Rusia 2018.

El hijo de mi amigo, sociabilizado con este masoco ritual, que repetimos por más de treinta años de inasistencia a un mundial, gesticula desazón, pero no renuncia al sueño, porque en Pro Evolution lo hará realidad.

Y él que redacta, cual arquero suplente que puede ser mejor que cualquiera que está en cancha y ser igual a cada uno de sus compañeros y todos a la vez, no puede seguir escribiendo.

Este fue mi once, no será él ideal, pero así los quiero, al final el fútbol es una excusa para reunir a los patas, se celebra la unidad en el dolor y se espera que eso nunca cambie, y que espero yo, una resaca de la pitri mitri. Salud alguien dijo. Nos vemos el martes.

Pace & Love

@PeterMTrujillo

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